HEBRAÍSMOS EN LA BIBLIA. ¿Eh?

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La Biblia está llena de hebraísmos. Es probable que nunca hayas escuchado esto y no tengas ni la más remota idea de qué es un hebraísmo, pero lo cierto es que ignorar qué es un hebraísmo y cómo se interpreta conduce con frecuencia a una mala hermenéutica y a una exégesis bíblica errada.

Procuraré con este artículo hacer una breve introducción a los hebraísmos que motive al lector a seguir profundizando en el estudio de las reglas de interpretación del texto bíblico.

Comencemos…

Un hebraísmo o modismo hebreo es una expresión peculiar del idioma hebreo que, normalmente, carecen de significado o evocan un concepto erróneo cuando se traducen a otro idioma y que, por regla general, solo son comprensibles para los que hablan ese idioma. La Real Academia Española define el modismo como: «Expresión fija, propia de una lengua, cuyo significado no se deduce de las palabras que la forman; p. ej., a troche y moche».

Veamos algunos ejemplos de modismos en nuestra lengua castellana:

  • Hacer el oso: equivale a hacer el ridículo o el tonto.
  • Tener dos dedos de frente: discernir bien.
  • Hacer el paripé: aparentar una acción que no se realiza.
  • Hacer cola: esperar que llegue tu turno.
  • Hacer boca: comer.
  • ¡Hace un año!: Exageración de lo que hace relativamente mucho tiempo que ocurrió, aunque no significa literalmente que ocurrió 365 días atrás.
  • Echar una mano: ayudar.
  • Sacar las uñas: amenazar.

Este tipo de expresiones carecen de significado al que no esté familiarizado con el idioma español y serían realmente complejas, cuando no imposibles, de traducir a otros idiomas.

Los hebraísmos presentan la misma dificultad, por lo que las traducciones bíblicas al castellano, en su mayoría, han traducido literalmente tales expresiones sin tratar sustituirlas por un modismo similar al castellano o por una connotación más real en nuestro idioma.

Ahora que sabemos qué es un hebraísmo pasaremos a leer y explicar algunos de ellos que encontramos en las Sagradas Escrituras.

1º MODISMOS DE FILIACIÓN

Son modismos que usan el término “hijo” no en el sentido ordinario de ser descendiente de alguien, sino con la intención de relacionar a la persona con ciertas características o cualidades. Por ejemplo: A Jacobo y a Juan se les llama «los hijos del trueno” por el ímpetu y el carácter tempestuoso de ambos. En Efesios 2:2 se llama a los incrédulos «hijos de desobediencia” por tener vidas caracterizadas por la desobediencia a la ley de Dios. La Biblia usa las expresiones: «hijos de ira» (Ef. 2:3), «hijos de paz» (Lc. 10:6), «hijos de luz» (1 Ts. 5:5); etcétera, por ser personas con ciertas cualidades que los caracterizan.

2º MODISMOS QUE EXPRESAN LO ABSOLUTO POR LO RELATIVO

¡Atención a estos hebraísmos! Pueden ser realmente confusos y llevarnos a conclusiones equivocadas si se interpretan literalistamente sin tener en cuenta lo que son, modismos hebreos.

Por ejemplo, Juan 6:27 dice así: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece…». El evangelista recoge las palabras de Jesús, donde este se expresa con una prohibición absoluta: «No trabajar por la comida que perece». Pero si este imperativo fuera tomado literalmente todos nosotros deberíamos abandonar nuestros trabajos con los que nos ganamos el pan y el sustento diario. Esto entraría en contradicción directa con otros textos bíblicos que nos exhortan a trabajar (Efesios 4:28 y 2 Tesalonicenses 3:10). Por tanto, cuando Jesús dice: «No trabajéis por la comida que perece» está usando un hebraísmo con el que pretende enfatizar lo más importante («trabajad por la comida que a vida eterna permanece») por medio de una negación absoluta de lo menos importante. Una traducción por equivalencia dinámica, que procurara comunicar la idea original, traduciría así: «Trabajad, no solamente por la comida que perece, sino…». Lo segundo es lo más importante, pero no por ello debemos desechar lo primero.

Existen muchas modismos que ponen lo absoluto por lo relativo: «Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio» (1 Co. 1:17); «el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió» (Mc. 9:37); «Cuando hagas co­mida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos … Más cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos…» (Lc. 14:12-13).

Dos modismos de lo absoluto por lo relativo muy importantes y que deben ser tenidos en consideración son los usados con los términos «amar» y «aborrecer».

Lucas recoge las palabras de Jesús: «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo» (Lc. 14:26). El aborrecimiento u odio del que Jesús habla no debe interpretarse literalmente, pues es una expresión figurada que trata de enfatizar la radicalidad y prioridad del seguimiento de Cristo por medio de una negación absoluta. Pero este «aborrecer» (gr. Miséo = aborrecer, odiar, detestar) es un hebraísmo que trata de expresar la idea de un afecto de menor ardor o de algo menos prioritario.

Esta es la misma expresión usada por Pablo en Romanos 9:13 «Como está escrito: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí». Traducir literalistamente este texto no solo evoca una imagen equivocada del propósito original del autor y tergiversa la naturaleza del Dios de amor revelado en las Escrituras. Cuando uno conoce la historia de Esaú puede ver que Dios hizo provisión para él, incluso recibió una bendición de Dios, aunque de menor grado que la de Jacob (cf. Génesis 27:36, 39) y la promesa de que su descendencia sería librada de la servidumbre (Génesis 27:40) y que las posteriores generaciones podrían volver a unirse a los verdaderos adoradores del único Dios verdadero (Deuteronomio 23:7). Entonces, ¿realmente aborreció Dios a Esaú? ¡No!

Para que esto quede claro, veamos un ejemplo bíblico de ello. En Génesis 29:30 se dice sobre Jacob: «Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea…». El adverbio comparativo «más que» indica que Lea era amada, pero Raquel lo era más que Lea. Sin embargo, justo el siguiente versículo afirma que: «Vio el SEÑOR que Lea era aborrecida» (29:31; LBLA). ¿Se da cuenta? Un texto dice que Raquel era amada menos y el siguiente que era aborrecida. Este tipo de lenguaje, que hace uso de contrastes exagerados, era una técnica muy común para enseñar y fue usada por los escritores bíblicos.

3º MODISMOS DE LO RELATIVO POR LO ABSOLUTO

Este tipo de hebraísmo es similar al anterior, pero a la inversa. Consiste en usar un lenguaje débil o relativo para expresar lo fuerte.

Pongamos un ejemplo:

Lucas 18:9-14 nos cuenta la parábola del fariseo y el publicano. Jesús alaba la actitud del publicano mientras condena la actitud hipócrita del fariseo. Sin embargo, el vs. 14 dice así: «Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro». ¿Cómo que «antes que el otro»? ¿Acaso el fariseo fue justificado? No, pues el texto no apunta en esa dirección. Sin embargo, si interpretamos el texto literalmente llegaríamos a la conclusión de que el fariseo fue justificado un poco después que el publicano, por lo que la diferencia entre uno y otro es meramente una cuestión de tiempo. Pero no era eso lo que Jesús quería transmitir. Jesús quiso enseñar que el fariseo no fue justificado de ninguna manera, mientras el publicano si alcanzó esta gracia. Jesús usa un lenguaje relativo: «antes que», para enseñar una verdad absoluta.

Existen muchos otros ejemplos de esta clase de modismos que, por no extendernos, no mencionaremos.

4º MODISMOS DE TIEMPO

Así como decíamos al principio que la expresión castellana: «¡Hace un año!» puede ser usada como una exageración que trata de enfatizar un largo transcurso de tiempo, pero no necesariamente 365 días literales, con las expresiones hebreas: «siempre» o «perpetuamente» ocurre lo mismo.

Por ejemplo, en Éxodo 12:24 Dios instituye la fiesta de la Pascua como una celebración anual perpetua: «Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre». Sin embargo, sabemos que las fiestas y la ley de Moisés quedaron abolidas con el nuevo pacto instaurado por Cristo y la mayoría de los cristianos no las celebran. A menudo, estas expresiones tienen un sentido limitado y no literal.

Otro ejemplo lo vemos en la promesa de Dios a Abraham: «Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre» (Génesis 13:15). No obstante, en el Nuevo Testamento toda la tierra de Israel estaba ocupada y pertenecía al imperio romano y, tras la caída de Roma, pasaron 19 siglos sin existir ningún estado israelí sobre la faz de la tierra. Ahora bien, si la promesa debe interpretarse literalmente, ¿cómo se explica la ausencia de dominio de esta tierra por parte del pueblo israelí durante tantos siglos?

En este sentido, el teólogo costarricense Juan Stam escribió: «Aunque parezca extraño, el idioma hebreo no contiene la palabra “siempre” en su vocabulario, ni mucho menos la palabra “eterno”. Para esa idea empleaba mayormente la frase “por los siglos” o “por los siglos de los siglos” o frases similares. La idea básica de “siglo” (yoLaM en hebreo) es “un tiempo largo”, a menudo “pasado remoto” o “futuro remoto”. Puede ser un período largo sin principio ni fin (“el Dios sempiterno”, Deut 33.27), pero también largo con principio (desde pasado remoto) o con fin (hasta un futuro remoto). La ocupación por Israel de Palestina tuvo un principio y puede tener un fin, en lo que al adjetivo “siempre” se refiere. Por eso, la palabra “siempre” o términos similares en las promesas de tierra no significan necesariamente que dicha promesa constituye un “título de propiedad” para el actual gobierno israelí».

Imagino que leer esto será una sorpresa para muchos.

Otro de los modismos de tiempo es considerar una parte de un día como un día completo. Esto resuelve muchas de las confusiones respecto a los días que Jesús permaneció en la tumba y el día que resucito. Pero esto, dejaremos que lo investigues por ti mismo. ¡Es apasionante!

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Con sincero afecto en Cristo:
José Daniel Espinosa Contreras.
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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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2 respuestas a HEBRAÍSMOS EN LA BIBLIA. ¿Eh?

  1. Josué dijo:

    Excelente! Gracias hermano!

  2. Gustavo David dijo:

    Muy bueno y más para los neo-calvis y judaizantes de estos tiempos.¿Algún libro que recomiendes respecto a tu tema,hermano?

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