La pedagogía de Jesús

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La lectura de los evangelios canónicos indica que la pedagogía de Jesús se fundamentaba principalmente en el ejemplo o el testimonio de vida. Él no solo predicaba un mensaje, sino que era el mensaje. Su vida encarnaba el amor de Dios y lo revelaba al mundo. Su conducta dejaría una huella imborrable en su prójimo y Él lo sabía. Las palabras, a menudo, serían olvidadas. Sin embargo, ¿quién podría borrar el recuerdo de una imagen grabada en el alma con el fuego del ejemplo?

Por ejemplo, contemplemos la escena en la que Cristo, poco antes de ser traicionado y arrestado, cenó con sus discípulos. Él conocía el destino que le aguardaba. Enfrentaba la humillación y la agonía más grandes que jamás nadie haya experimentado. A pesar de ello, sus discípulos solo estaban preocupados por ellos mismos, por su prestigio, rango y gloria. Insensibles, actuaron como si Él no estuviese entre ellos. Cuando más consuelo, apoyo y ánimo necesitaba el Maestro, la atención de los discípulos estaba enfocada, egoístamente, en ellos mismos. El historiador y evangelista Lucas señala en su Evangelio que: «Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor» (22:44).

Sin duda, este era el momento propicio para dar un poderoso sermón sobre el servicio, la humildad, la compasión, el cuidado mutuo y la misericordia. O ¿por qué no? ¡Para una justificada reprimenda. Pero, en vez de eso, Jesús se levantó, tomó un recipiente de agua y comenzó a lavar los pies a los discípulos. Aquel lebrillo lleno de agua que había sido desdeñado por sus discípulos por considerarse una tarea humillante fue tomado por el Salvador. La imagen fue tan impactante para esos discípulos orgullosos, que Pedro exclamó: «Señor, ¿tú me lavas los pies?» (Juan 13:6). ¿Quién imaginaría que el Eterno, el Dios encarnado, el Salvador y Señor ministraría con actitud humilde, perdonadora y sacrificada a aquellos insensibles y despreocupados discípulos? Realmente, su ejemplo fue más poderoso que un sermón. Su vida y conducta se convirtió en la predicación de ese día para sus discípulos. La imagen del Cristo sirviente tocó las fibras del corazón de sus discípulos y quedó grabada para siempre en lo más profundo de sus almas. Años después, cuando pusieron por escrito los hechos y dichos de Jesús en los Evangelios, quizá muchas otras palabras de Jesús fueron olvidadas, pero allí quedaba la imagen del Maestro, lavando los pies de sus discípulos, a pesar del tormento que le esperaba. Ahora, su ejemplo se ha convertido en modelo y patrón para todos nosotros; sus seguidores.
José Daniel Espinosa.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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