Una forma de malinterpretar la Palabra de Dios

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Es cierto que las bibliotecas cristianas se llenan de literatura del tipo: «Cinco pasos para vencer la tentación», «Siete claves para una vida exitosa», «Diez principios básicos para orar con éxito», etcétera; y, no poniendo en duda la buena fe de los escritores, creo que existe un peligro en todo esto, a saber, el de malinterpretar las Sagradas Escrituras. ¿Por qué?

Pues porque la Palabra de Dios nunca fue presentada como un manual o enciclopedia temática que aborde todos y cada uno de los asuntos relativos a la vida, para que sean impuestos como una regla universal para todas las generaciones. Tampoco se trata de un manual de moralidad sobre cómo debemos actuar. Es cierto que en ella encontramos grandes verdades atemporales, principios, promesas y mandamientos, pero todos ellos tienen sentido y cumplimiento en Cristo. Y, separados de la gran historia de la redención pierden totalmente su significado.

Cuanto el Pentateuco narra la historia de Moisés no lo hace con la intención de que sus lectores aprendan «las 7 claves del éxito nómada», ni «los 5 pasos para guiar a un pueblo rebelde» ni «los 8 principios para ser un líder como Moisés». ¿Ha escuchado predicaciones de este tipo? Yo mismo las prediqué en otro tiempo.

Debemos entender que el Éxodo no es más que un capítulo en la historia de la redención, que apunta a la necesidad que los hombres tienen de un libertador que los saque de la esclavitud, que derrote definitivamente al enemigo y que los guie por el camino correcto.

La historia de David y Goliat no fue presentada con el título: «6 pasos para vencer a los gigantes» ni como «Principios para una vida victoriosa»; sino que apunta a un mejor David, Jesucristo, que ha vencido todos nuestros gigantes y en cuya victoria obtenemos nosotros la victoria.

Indudablemente, la Biblia es una gran historia cuyo protagonista es Cristo (Lc. 24:27). Cada una de las historias contenidas dentro de ella encaja en alguna parte de la historia de la redención; tratando de convencernos de nuestra imposibilidad personal de salvación debido a la caída, de la necesidad que tenemos de un libertador y redentor, del menester de justicia que implica la santidad divina o de la vida bienaventurada que hayamos en Cristo, nuestro sustituto, cuando nos adherimos a él por la fe. Las historias separadas del Redentor solo pueden darnos principios de moralidad, que poco o nada nos servirán si carecemos del conocimiento de Cristo; el verdadero protagonista.

Con sincero afecto en Cristo:
José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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