¿Respalda la Biblia la autoridad del papa?

Papa-Benedicto-XVI1

INTRODUCCIÓN

Uno de los puntos cardinales de la teología católico-romana es la autoridad del Romano Pontífice que, dicho sea de paso, es uno de los principales obstáculos para el diálogo ecuménico entre Roma y las iglesias protestantes.

La Iglesia de Roma presenta una estructura fundamentalmente jerárquica, en cuya cabeza se sitúa el papa que, se supone, es el sucesor de Pedro; a quién Cristo instituyó como Cabeza visible de toda la iglesia y Vicario de Cristo.[1]

La autoridad papal no se basa únicamente en la posición que ocupa el Pontífice en la jerarquía eclesial, sino en los subsiguientes dogmas como, por ejemplo, la infalibilidad papal.

Por estas y otras razones, se hace necesario esclarecer la historia de dichas formulaciones, así como sus significados e implicaciones para el cristianismo. Trataremos de dilucidar si el texto bíblico aboga por la suprema autoridad de un Romano Pontífice o si, por el contrario, está en clara oposición a la ortodoxia cristiana.

  1. POSICIÓN CATÓLICO-ROMANA SOBRE LA AUTORIDAD PAPAL

La doctrina católico-romana sobre la autoridad papal se basa en la figura de Pedro, el apóstol y discípulo de Jesús, que ya en los Evangelios parece presentar una posición privilegiada frente al resto. Pedro es el primero en ser mencionado en cada una de las listas de los apóstoles mencionadas en los evangelios e incluso se le denomina como «el primero».[2]

La base bíblica para esta creencia se encuentra, según ellos, en Mateo 16:17-19 y Juan 21:15-17.[3] En el primer texto, Cristo entrega a Pedro las llaves del reino de los cielos y le dice: «todo lo que prohíbas en la tierra habrá sido prohibido en los cielos, y todo lo que permitas en la tierra habrá sido permitido en los cielos» (vs. 19). La teología católico-romana interpreta los vocablos «πετρος» y «πετρα» como idénticos,[4] entregando a Pedro la prerrogativa de ser la «roca» sobre la que, posteriormente, sería fundada la iglesia. De Pedro se diría que:

Él será el principio de unidad, de estabilidad y crecimiento. Él es el principio de unidad puesto que lo que no está unido a los cimientos no es parte de la Iglesia; de estabilidad, puesto que es sobre la firmeza de esta base que la Iglesia permanece incólume ante las tormentas que la azotan; de crecimiento, puesto que si ella crece es porque los nuevos ladrillos se colocan sobre ese cimiento. Es a través de su unión con Pedro, afirma Cristo, que la Iglesia resultará vencedora en su larga lucha con el maligno: “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Sólo puede haber una explicación para esta impresionante metáfora. La única manera en que un hombre puede ubicarse en una relación tal a un cuerpo es poseyendo autoridad sobre él. Solamente la cabeza suprema de un cuerpo, bajo cuya dependencia toman su poder todas las autoridades subordinadas, puede ser considerada el principio de estabilidad, unidad y crecimiento.[5]

Evidentemente, esta autoridad es heredada por la sucesión apostólica a los postreros papas.[6] Por otro lado, según la teología católico-romana, Pedro sería vicario de Cristo en la tierra, puesto que el otorgamiento que Cristo hace a Pedro de «atar» y «desatar» es para Roma una clara referencia a la autoridad que le ha sido dada sobre la Iglesia.[7]

Por si fuera poco, en el Concilio Vaticano I se aprobó el dogma de la infalibidad papal (1870), que concedía al papa una gracia especial de Dios que le prevenía de error siempre que éste hablara ex cathedra.[8]

Según la interpretación romanista, la infalibilidad papal es un dogma necesario para conservar la unidad de fe y comunión visible de la iglesia.[9] El Concilio Vaticano II respalda este dogma, sin embargo, los teólogos modernos y más progresistas comienzan a matizar o reinterpretar el significado de esta prerrogativa papal, otorgando al papa no tanto el don de la infalibidad, sino la función de «portavoz de la Iglesia Universal». Lacueva recuerda que el Nuevo Catecismo Holandés advierte que el Papa: «‘Sólo puede declarar lo que la Iglesia Universal cree’».[10]

Algunos teólogos católicos han mostrado una clara oposición al dogma romano, lo cual, les ha tratado inevitables consecuencias. Ejemplo de ello son los teólogos Hans Küng, F. Simons, etcétera.

  1. POSICIÓN PROTESTANTE FRENTE A LA AUTORIDAD PAPAL

El texto de Mateo 16:17-19 puede resultar ambiguo pues es indiscutible que se hace un juego de palabras entre los términos «πετρος» y «πετρα». Sin embargo, a la luz de testimonio neo-testamentario, queda claro que la única roca sobre la que será edificada la Iglesia es Cristo. En numerosas ocasiones Cristo es referido como la roca o piedra principal de la Iglesia (cf. Hechos 4:11; 1 Corintios 3:11; 10:4; Efesios 2:20; 1 Pedro 2:4). Incluso en el Antiguo Testamento vemos referencias al Mesías, en las que se le denomina la «roca» o «piedra» de Israel (cf. Génesis 49:24; Deuteronomio 32:4, 15, 18, 30-31; 2 Samuel 22:2, 32, 47; Isaías 17:10; Habacuc 1:12; etcétera).

En vista de lo anterior, la ambigua afirmación de Jesús «σὺ εἶ Πέτρος, καὶ ἐπὶ ταύτῃ τῇ πέτρᾳ οἰκοδομήσω μου τὴν ἐκκλησίαν» (tu eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia) debe referirse a la previa declaración de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (vs. 16), la cual, el mismo Mateo señala que le fue dada por medio de una revelación divina: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (vs. 17).

El teólogo católico Hans Küng reconoce que la afirmación de Mateo 16:18 fueron introducidas por la comunidad palestina o por la comunidad de Mateo en un periodo posterior, ya que la afirmación no se encuentra en los otros Sinópticos ni en el Evangelio de Juan.[11]

Además, la promesa dada a Pedro: «todo lo que ates en la tierra habrá sido atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra habrá sido desatado en los cielos» (vs. 19), no fue entregada exclusivamente a él, sino también al resto de discípulos: «De cierto os digo que todo cuanto atéis en la tierra habrá sido atado en el cielo, y todo cuanto desatéis en la tierra habrá sido desatado en el cielo» (Mateo 18:18).[12] Küng recuerda que: «No hay indicios de ninguna autoridad exclusiva o casi monárquica que desempeñara el papel de líder».[13] Pero, aparte de esto, ¿Qué significan las expresiones «atar» y «desatar»? Samuel Vila responde:

Ahora bien, para los hebreos, ligar significaba «declarar ilegal una cosa». Así leemos que el «rabí Meir desató (esto es, permitió) la mezcla de vino con aceite y la unción de un enfermo en día sábado».

En cuanto a recoger leña en día sábado, se dice que la escuela del rabí Shamai lo ligaba (esto es, lo declaraba ilegal, lo prohibía), mientras que la escuela del rabí Hillel lo desataba (esto es, lo declaraba legal, lo permitía).[14]

En este sentido, el «atar» o «desatar» haría referencia, según algunos, a la capacidad de declarar legítima o ilegítima una doctrina.[15] Para otros, este poder consistiría en el ejercicio de la disciplina eclesial –admitiendo o rechazando a alguien en la comunidad– y en el ejercicio de la predicación del Evangelio –cuyo rechazo te ata a la condenación y cuya aceptación conlleva la salvación–.[16] Esta última interpretación parece tener el respaldo de gran parte de los textos patrísticos.[17]

Resulta realmente interesante analizar los tiempos verbales usados en el texto de Mateo 18:18 «Ἀμὴν λέγω ὑμῖν, ὅσα ἐὰν δήσητε ἐπὶ τῆς γῆς ἔσται δεδεμένα ἐν οὐρανῷ καὶ ὅσα ἐὰν λύσητε ἐπὶ τῆς γῆς ἔσται λελυμένα ἐν οὐρανῷ». Las expresiones: «ἔσται λελυμένα ἐν οὐρανῷ» y «ἔσται δεδεμένα ἐν οὐρανῷ» están en futuro perfecto, dando a entender que todo lo que se ate o desate en la tierra, ya habría sido atado o desatado de antemano en el cielo. Lo que Pedro y resto de discípulos harían no es sino manifestar en la tierra las decisiones celestiales. Como bien expresa Samuel Vila: «el cielo no está supeditado a las decisiones de la tierra, como parece indicarlo la traducción corriente, sino la tierra a las decisiones del cielo».[18] En esta misma línea, C. S. Keener señala que: «Muchos judíos entendían que la suprema corte judía actuaba sobre la base de la autoridad del tribunal de Dios en el cielo, ratificando en cierto sentido sus decretos».[19]

Por otro lado, los reformadores se opusieron tajantemente a la estructura jerárquica de la Iglesia de Roma y, más especialmente, con la supuesta Cabeza visible de la Iglesia; el papa. Resulta particularmente significativo que el apóstol Pablo, hablando sobre la unidad de la Iglesia en Efesios 4, olvidará mencionar a aquel que, para el Catolicismo Romano, sería la pieza indispensable y más importante para mantener la unidad visible de la iglesia. Sin embargo, Pablo en ningún momento menciona la necesidad de una Cabeza humana visible para mantener la unidad de la iglesia. La unidad para Pablo consistiría en lo siguiente: «Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos» (Efesios 4:3-6).

 

CONCLUSIÓN

 Tras el análisis anterior, no podemos colegir que la autoridad que Roma ha otorgado al papa sea bíblicamente legítima, sino, más bien, todo lo contrario. Nuestra única Cabeza autoritativa es Cristo, en quién todos los cristianos encontramos la unidad. Por tanto, la prerrogativa que debe buscar la Iglesia no es la de infabilidad, sino la fidelidad al texto revelado.

Pedro nunca tuvo un poder especial y exclusivo sobre la Iglesia, por lo que tampoco el catolicismo-romano tiene derecho a exigirlo. El testimonio bíblico es claro y contundente; Cristo, y sólo Cristo, es la roca sobre la cual la Iglesia Universal debe ser edificada.

Con sincero afecto en Cristo:

José Daniel Espinosa.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Tal como queda reflejado en el capítulo tres de la Constitución Dogmática Lumen Gentium.

[2] Mateo 10:2-4.

[3] Cf. Enciclopedia Católica Digital en español:

http://ec.aciprensa.com/wiki/Papa#I._Instituci.C3.B3n_por_Cristo_de_una_cabeza_suprema [En línea: consultado 20 de octubre de 2015].

[4] Íbid.

[5] Íbid.

[6] Esto queda claramente reflejado en el Catecismo de la Iglesia Católica, nº 880-884.

[7] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 895.

[8] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 891-892. Esto no significa que el papa no pueda equivocarse o cometer error alguno, sino que solamente cuando habla ex cathedra, es decir, como doctor y pastor de toda la Cristiandad, es respaldado por el don de la infalibilidad.

[9] La Constitución Dogmática Lumen Gentium, en el capítulo 3, dice así: «Pero para que el mismo Episcopado  fuese  uno  solo  e  indiviso,  puso  al  frente  de  los  demás  Apóstoles  al bienaventurado  Pedro  e  instituyó  en  la  persona  del  mismo  el  principio  y  fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión».

[10] LACUEVA, FRANCISCO. Catolicismo Romano. Barcelona: Editorial CLIE, 1989, p. 39.

[11] KÜNG, HANS. La Iglesia Católica. Barcelona: Editorial Mondadori, 2002, pp. 14-15.

[12] En esta misma línea parece entenderse el versículo de Juan 20:23 «A cuantos perdonéis los pecados, les han sido perdonados; a cuantos los retengáis, les han sido retenidos» o el de Mateo 18:19-20.

[13] KÜNG, HANS. La Iglesia Católica. Barcelona: Editorial Mondadori, 2002, p. 15.

[14] VILA, SAMUEL. A las fuentes del cristianismo. Barcelona: Editorial CLIE, 1989, p. 154.

[15] Íbid, p. 155.

[16] Notas al pie de página de Francisco Lacueva, en su libro: LACUEVA, FRANCISCO. Catolicismo Romano. Barcelona: Editorial CLIE, 1989, p. 36.

[17] Véase el pensamiento de algunos Padres en: http://hjg.com.ar/catena/c195.html [En línea: consultado el 22 de octubre de 2015].

[18] VILA, SAMUEL. A las fuentes del cristianismo. Barcelona: Editorial CLIE, 1989, p. 155.

[19] KEENER, CRAIG S. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 2003, p. 89

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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