¡La persecución continúa! ¿De qué lado estás?

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La primigenia iglesia no estaba formada por gentiles, sino por judíos firmemente convencidos de que las promesas mesiánicas –contenidas en las Escrituras– se habían cumplido en aquel Maestro judío de Galilea llamado Jesús. Como era evidente, los primeros conversos no fundaron una nueva religión separada del judaísmo, sino que, a la luz de Jesús, creyeron entender el verdadero significado del judaísmo (Ro. 2:28-29; Ap. 2:9). El posterior apelativo de «cristianos» surgiría –seguramente– como un término de tono burlesco para identificar a todos aquellos que creían en Jesús.

Jesús advirtió de antemano a sus seguidores de los peligros que enfrentarían al seguirle cuando dijo: «Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios» Juan 16:2. Efectivamente, los primeros «cristianos» –término anacrónico, pero usado para facilitar la comprensión– seguían reuniéndose en las sinagogas. Sus “Biblias” eran las mismas de siempre –todo el cuerpo de libros veterotestamentarios– y, así mismo, los lugares de reunión no habían cambiado. Sin embargo, sería así por poco tiempo. Estos primeros «cristianos», con sus ideas tan “novedosas” acerca del Mesías, irritaban a los judíos ortodoxos, los cuales –como es de esperar en todo religioso fundamentalista–, emprendieron una despiadada persecución contra ellos.

Para un judío, la sinagoga era uno de los lugares claves de su vida religiosa. La expulsión de la sinagoga implicaba la excomulgación y toda relación con el pueblo israelita. ¿Se imagina el profundo dolor que experimentaron los primeros «cristianos» al ver el rechazo de su propio pueblo? ¿Cree entender la intensa tristeza que experimentarían al ver las puertas de su propia congregación –¡la de toda la vida!– totalmente cerradas para ellos? ¿Sientes el penetrante desconsuelo de ver cómo tus antes inseparables amigos te dan la espalda? ¿Comprendes la angustia de que tu propia familia te considere heterodoxo y, por ende, te desprecien y se avergüencen de ti? Por si fuera poco, la persecución sería llevada hasta el extremo del fanatismo, donde: «cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios».

Los judíos perseguían a los cristianos creyendo firmemente que lo que hacían era lo correcto ante Dios. Se consideraban «soldados del Altísimo» que defendían la “verdad” a cualquier precio. Su celo por Dios era sincero. Estaban convencidos de que obraban de parte de Dios y para Dios. Se respaldaban en un ciego literalismo bíblico y en las tradiciones de sus padres (Mt. 15:2; Mc. 7:3). Todo esto les llevó a creer que eran portadores de la verdad y que todos aquellos que viniesen con «nuevas» doctrinas o ideas estaban equivocados y, por tanto, eran «herejes». Lo que ignoraban estos judíos fundamentalistas era que estas «nuevas» doctrinas no eran realmente una novedad, sino que ellas ya estaban contenidas en las Escrituras (Lc. 24:27; Hch. 17:3; Ro. 1:2; 16:26; 1 Co. 15:3-4). El problema es que estos judíos no estaban dispuestos a repensar su fe y  reflexionar en ella. Simplemente habían sido enseñados a creer lo que otros les habían inculcado.

Alguien podría pensar que este tipo de persecución ya terminó. Pero no, la persecución continúa. No es extraño ver, dentro del cristianismo contemporáneo, actitudes similares a la de aquellos fundamentalistas religiosos. Personas a las que se les ha dicho lo que deben creer y pensar; es decir, que han sido adoctrinadas en cuanto a una ideología muy particular y que, ahora, todo aquello que les suene diferente es inmediatamente catalogado de herejía. Son personas que no conocen su historia, sus raíces y su pasado. Son hombres que desconocen el sano criticismo o la reflexión y que, su fe, está basada en un ciego fideísmo. Son individuos que viven el placebo de la religión, que fundamentan sus creencias en sentimientos y no en convicciones. Sus vidas se basan en una efímera ilusión; han aprendido a vivir felices en la ignorancia y, lo peor, es que creen saberlo todo. Olvidan el grito de aquellos primeros reformadores –de los que alegan proceder–: «Ecclesia reformata semper reformanda secundum verbum Dei» (una Iglesia que es reformada siempre se está reformando de acuerdo con la Palabra de Dios). Desconocen la paradoja del cristiano; que mientras tiene un Dios que no cambia, su teología está en constante transformación.

Sé de lo que hablo. Durante muchos años yo he sido uno de ellos. No soportaba a aquellos que pensaban diferente. Creía saber más que ellos. Me consideraba un defensor de la verdad. Me jactaba en mis duros juicios a todos aquellos que se salían de lo «políticamente correcto» y me gloriaba en ser tildado de «fundamentalista». Tácitamente, creía hacerle un favor a Dios.

Ahora, doy gracias a Dios porque no soy el mismo joven de hace cuatro años. Porque Él me ha quitado la venda del fundamentalismo que me cegaba y me ha liberado de las cadenas del fanatismo. He aprendido que los que más saben, son los más humildes. Que los más sabios, son los más dispuestos a escuchar. He entendido que la doctrina sin amor está vacía, que la amistad supera las diferencias y que la fe no es fideísmo. He comprendido que la razón no la tienen aquellos que más gritan, ni los que con más celo defienden lo que otros critican. Normalmente, «la Verdad» está en aquellos que, con una mente crítica y un corazón sincero, se preocupan más de encontrar «la Verdad» que la «popularidad». Como un muy buen amigo y hermano en Cristo me dijo: «Sólo una mente crítica puede vivir en libertad el Evangelio».

En este instante, mucho me temo que estoy pasando al otro bando; el de los perseguidos. Pero no me importa, porque empiezo a entender que la Verdad debe hacernos libres (Jn. 8:32); libres del miedo, libres del ego y libres del qué pensarán.

¿De qué lado estás?

Con sincero afecto en Cristo:

José Daniel Espinosa.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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4 respuestas a ¡La persecución continúa! ¿De qué lado estás?

  1. fernando clos campos dijo:

    Buenisimo ,tengo personalmente a un hermano en la fe que esta sufriendo esta persecucion y que literalmente se le ha llamado hereje .

    • Hola Fernando. Yo ya he conocido a varios. Son estupendas personas con un conocimiento increíble de las Escrituras, pero que han sido rechazados por el cristianismo fundamentalista por no encajar en sus ideologías tradicionales y particulares. Una pena…
      Un abrazo.

  2. Katherine dijo:

    Nuevamente me sorprende como en un “simple ” artículo eres capaz de plasmar,desde mi punto de vista ,la esencia del Evangelio y la verdadera motivación de un discípulo sigue así, José Daniel eres de mucha bendición para los jóvenes que recién empezamos en Cristo.
    Saludos a Natalia y muchas bendiciones (de parte mía y de Aarón).
    Espero verte pronto por Moratalaz.

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