¿Te imaginas a Jesús diciendo: «Acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración»? Yo no.

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«Acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración». El procedimiento parece simple, fácil y espiritual. Inclusive, podemos encontrar versículos para defender la legitimidad de este “método de evangelismo”. No obstante, algo me dice que es una metodología simplista, parcial y, en el peor de los casos, completamente hueca.

Observemos a Jesús. Tenía el carisma suficiente para atraer a las multitudes. Le hubiera sido bastante sencillo aplicar el método de: «acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración», pero, asombrosamente, no lo hizo. El “método” de evangelismo más usado por Jesús se resume en una sola palabra, y sonaba como un: «¡Sígueme!» (Mt. 4:19; 8:22; 9:9; 10:38; 16:24; 19:21; Mc. 1:17; 2:14; 8:34; 10:21; Lc. 5:27; 9:23; 9:59; 14:27; 18:22; 21:8; Jn. 1:43; 21:19, 22). De hecho, a opinión de Jesucristo, no había otra forma de ser su discípulo (Lc. 14:27). Supongo que todos estaremos de acuerdo en que la opinión de Jesús cuenta más que la nuestra. Por tanto, de nada sirve el método de: «acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración» si de él no va inexorablemente ligada la llamada al seguimiento radical de Jesucristo.

El denominar y/o considerar «cristiano», «discípulo» o «seguidor» de Jesucristo a una persona, simplemente, porque ha seguido el método de: «acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración» es una de las mayores mentiras que ha creído la Iglesia en las últimas décadas. ¿Desde cuándo las conversiones se cuentan por manos levantadas? ¿Qué apóstol nos enseñó a confiar en este procedimiento? ¿Acaso Jesús nos dio este ejemplo? ¡No! Más bien dijo: «Por sus frutos los conoceréis». Y, el fruto, no es inmediato. Ver los frutos requiere tiempo, paciencia y, posteriormente, analizar si el fruto ha sido bueno o malo (Mt. 7:20).

Supongo que esta neo-metodología ha surgido por el interés en tener mega-iglesias pues, la verdad, es mucho más sencillo presentar el regalo de la vida eterna como la insoslayable consecuencia de seguir un sencillo método de: «creer, aceptar, confesar y hacer una oración por repetición». ¿Fácil verdad? Entonces, llenamos nuestras iglesias de personas que se creen salvas porque un día: «creyeron, aceptaron, confesaron e hicieron una oración» pero que, dicho sea de paso, poco muestran del seguimiento radical y constante que Jesús exigía para ser su discípulo. Las consecuencias son claramente visibles; “cristianos” de domingo, preocupados más de la comodidad que de la santidad. Y no diré más sobre esto, pues mi intención no es criticar a la verdadera Iglesia de Jesucristo, sino al «falso cristianismo» –barato, cómodo y conformista–, que nada tiene que ver con el Evangelio de Jesucristo. ¡Que Dios nos ayude a todos a ser más radicales!

¿Radical? Sí, es exactamente lo que quería decir. O, díganme, ¿acaso no les suenan radicales las exigencias de Jesús? Veamos:

«Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida» (Lucas 14:26/ BLS).

«Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo» (Lc. 14:27/RV60).

No suena nada simpático eso de llevar una cruz. ¡Un instrumento de tortura! Definitivamente, ésta no era la mejor forma de atraer a las personas. Quizá, porque Jesús no se interesaba tanto en conseguir “mega-iglesias” o pastorear a miles de personas. Como escribió David Platt, Jesús el ministerio de Jesús era conocido por alejar a miles de personas. Cada vez que alguien nuevo se acercaba, Él decía: «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios» (Lc. 9:62). ¡No lo ponía nada fácil!

Por ahora no escribiré más. Pero, quizá sea un buen momento para repensar nuestras modernas metodologías en las que, muchos, depositan su completa confianza. Prediquemos y enseñemos lo que Jesús enseñaba, el verdadero costo de seguir a Jesucristo. Y, a la vez, el gran privilegio.

Que Dios les bendiga.

Con sincero afecto en Cristo:

José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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3 respuestas a ¿Te imaginas a Jesús diciendo: «Acepta, cree, confiesa y repite conmigo la siguiente oración»? Yo no.

  1. Ahora todo gira en torno a la decisión del pecador de aceptar a Cristo, cambiando la salvación de Dios por gracia en la salvación del hombre por su decisión. Jesús es quitado del centro del evangelio y el hombre es colocado en su lugar.

    Comparto acerca de este tema en una entrada (‘Pelagianismo en tu cristianismo’) que publique en mi blog, te animo a visitarlo haciendo clic en mi nombre.

  2. superjonas dijo:

    No creo que el método de Jesús venga a ser el método a utilizar en las iglesias. El “Sígueme” siendo tan poderoso, no cuenta hoy día con la atracción de Jesús que debería encontrarse en el evangelio predicado.
    Por demás, excelente entrada José Daniel.
    Nuevamente gracias por compartir estos temas.
    Bendiciones desde Caracas, Venezuela.

  3. Alex Granier dijo:

    Gracias por tocar el tema de manera tan clara, lo comparto plenamente. Sigue adelante con la bendición de nuestro Señor Jesucristo.

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