Cuando el «pastor» se convierte en una gran boca y la iglesia en un gran oído.

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Al analizar 1 Corintios 12 y 14 podemos vislumbrar el escenario de la Iglesia Primitiva. Dios impartía dones a cada miembro para que, todos, trabajaran conjuntamente en la ministración y edificación del cuerpo de Cristo. Indudablemente, las reuniones eran muy participativas, pues como dijo Pablo: «Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación» (1 Corintios 14:26).

Con razón el apóstol Pablo compara a la Iglesia con un cuerpo, con diferentes miembros que colaboran al unísono para su correcto funcionamiento. De esta forma, todos tenían la oportunidad de ejercer los dones y ministerios dados por Dios. Sin embargo, el escenario actual de muchas iglesias es radicalmente distinto. Los «pastores» se han convertido en grandes bocas, mientras que el resto de la iglesia en un gran oído. Acaso no resuenan en nuestros oídos las palabras del apóstol: «Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? […] Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? […]Pero ahora son muchos los miembros…» (1 Corintios 12: 17,19 y 20). En las reuniones cúlticas de la primigenia iglesia nadie se robaba el protagonismo. Pero, ¿es la praxis actual análoga a la praxis primitiva? Son muchas las iglesias a las que he asistido en las que «la función pastoral» ha solapado y silenciado el derecho de cada miembro a funcionar como un cuerpo.

Lejos esté de mí el criticismo destructivo hacia los pastores actuales. Los amo a ellos y a su honorable labor dentro del cuerpo de Cristo. Yo mismo siento la carga de ejercer un ministerio pastoral y sé lo necesaria que ésta es. Pero, debo abogar por una función pastoral bíblica, que permita llegar precisamente a la meta que se propone: «a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Efesios 4:12). El vocablo «perfeccionar» (gr. katartismós) tiene la connotación de completar, preparar y hacer apto. ¿A quién? A todos los santos. ¿Para qué? Para que cada uno; esto es, cada miembro, pueda ejercer su ministerio y rol.

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que lo que hoy conocemos como «pastores», no es una casta espiritual superior al resto de miembros y que disfruta de una comunión más íntima con Dios. ¡No! ¡No son más importantes! ¡No son mejores! ¡Son igual de necesarios que tú (sí, tú que estás leyendo)! Temo mucho que la iglesia actual haya dignificado tanto la figura del “pastor” que, ineludiblemente, haya esclavizado a una silla al resto de miembros del cuerpo de Cristo.

¡Contempla el escenario! ¿Hay espacio en la liturgia actual para que cada miembro contribuya con su ministerio? ¿Es esto lo que propicia el pastor? ¿Perfecciona-completa-prepara el “pastor” al resto de miembros para que cada uno cumpla su ministerio? No sé, a veces, al entrar a una congregación, siento que he llegado a un “teatro” –perdonen la expresión, pues la Iglesia de Cristo no es ningún teatro–, donde todos nos sentamos a escuchar, pasiva e indiferentemente, a un «pastor» que se considera el dueño y señor de todo el espectáculo.

Mi deseo, es que todos podamos repensar la perspectiva novotestamentaria, la que un día se fue perdiendo y anhelábamos que fuera recuperada. Pero, por ahora, no diré más. ¡Que Dios nos ayude a actuar como un cuerpo!

«¿Qué concluimos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia» (1 Corintios 14:26).

Con sincero afecto en Cristo:

José Daniel Espinosa C.

Nota: Si aún no la ha leído, le recomiendo visitar la publicación: «Pastores autoritarios con el síndrome de ‘Diótrefes’».

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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2 respuestas a Cuando el «pastor» se convierte en una gran boca y la iglesia en un gran oído.

  1. ¿Has leído “Paganismo, ¿en tu cristianismo?” de Frank Viola? Te recomiendo totalmente ese libro, hermano.

    Es curioso el detalle de que el Nuevo Testamento menciona “pastores”, no pastor. En las Iglesias protestantes es vital la figura del ‘pastor’ para su existencia cuando, como bien has expuesto en tu escrito, no tiene precedentes en la iglesia primitiva.

    Un abrazo José Daniel.

  2. jose Ruben medina Infante dijo:

    Alguien sabe si ravenhill fue calvinista , bendiciones a todos

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