Lucas, ¿historiador o teólogo?

 A menudo, suele hacerse hincapié en el hecho de que Lucas era un mero historiador (Lucas 1:1-4), y por tanto, sus escritos (Evangelio de Lucas y Hechos) deberían entenderse como tratados históricos, no dándole demasiada importancia teológica.

Por ejemplo, John Stott, señala que: «Se debe buscar esa revelación del propósito de Dios en las Escrituras en las partes didácticas, más bien que en las históricas. Más precisamente, debemos buscarla en la enseñanza de Jesús, y en los sermones y escritos de los apóstoles, y no en las porciones puramente narrativas de Hechos» [Stott, John. The Baptism and Fullness of the Holy Spirit, p. 8].

Esta ha sido la posición tradicional, es decir, la de hacer una marcada diferencia entre lo histórico y lo didáctico en los textos neotestamentarios. No obstante, el movimiento carismático ha sido aquel que ha dado a Lucas una importancia que trasciende a lo histórico, abarcando también lo teológico. De aquí, han surgido las doctrinas carismáticas, como la del “Bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas”, pues no sólo han tomado los acontecimientos de Hechos 2:1-13; 8:14-19; 9:17-18; 10:44-46 y 19:1-7 como históricos, sino como didácticos.

Se esté o no de acuerdo con tales novedosas doctrinas, lo cierto, es que la teología carismática a rescatado una verdad importante, a saber, que Lucas no sólo es historiador sino teólogo.

Aunque no concuerdo con el pensamiento de Roger Stronstad, considero acertado que tradicionalmente se ha hecho «una dicotomía no bíblica entre los llamados pasajes descriptivos y didácticos de las Escrituras» [Stronstad. La Teología Carismática de Lucas, p.20].

¿Y por qué? Porque la Biblia no nos da pie a hacer esa dicotomía. De hecho, Pablo considera que todo el Antiguo Testamento, incluyendo la narrativa histórica, son para nuestra enseñanza. «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar (διδασκαλιαν), para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17).

¿Acaso Pablo enseña que la narrativa histórica no es para nuestra enseñanza, y que por tanto, debemos hacer esta dicotomía? ¡No! Además, advierte: «Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza (διδασκαλιαν) se escribieron…».

Por tanto, si Pablo daba a las narrativas históricas del Antiguo Testamento el atributo de didácticas, ¿qué nos hace pensar que no debe ser así en el Nuevo Testamento? Desde luego, esto merecería una mayor explicación, que hasta ahora, no ha sido dada.

No me imagino a Lucas, que escribió sus obras como cristiano –y necesariamente desde la fe–, escribir despojado de una intención didáctica. Hengel asevera que Lucas «sí tenía un interés teológico que fue al mismo tiempo histórico» [HENGEL, Martin. Acts and the History of the Earliest Christianity, pp. 51-52].

Lo que quiero mostrar es que Lucas, a pesar de tener un interés histórico, era un teólogo. Y su concepto de teología le llevó a escribir la historia tal y como lo hizo. La historia que él escribe siempre es algo más que simples descripciones.

Concuerdo con Stronstad en lo siguiente: «Sus episodios tienen un propósito histórico-teológico. En otras palabras, Lucas nunca quiso darles a sus lectores una simple descripción de acontecimientos, ya sea para informarles, o para satisfacer la curiosidad de sus lectores acerca de los orígenes de su fe» [Stronstad. La Teología Carismática de Lucas, p. 23].

Es un error pisotear o desprestigiar a Lucas, para dar una mayor importancia teológica a Pablo. Lucas no sólo es historiador, es teólogo por derecho propio, y se le debe tratar como a tal.

Es evidente que necesitamos repensar, refinar y desarrollar una metodología más precisa para los pasajes descriptivos, históricos o narrativos de Hechos. Aunque esto, no será del agrado de los fundametalistas ultraconservadores. Independientemente de nuestra inclinación teológica o denominacional, no podemos dar por sentada la afirmación de que Lucas es un historiador, y Pablo un teólogo.

Bendiciones.

José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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