¿Es posible amar a Dios con todo tu corazón y “aborrecer” a un familiar o hermano en la fe?

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¿Es posible amar a Dios con todo mi corazón cuando a la vez no amo a mi hermano en la fe o la familia de sangre? No, esto es imposible. ¡Es una contradicción! La Biblia dice:

«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» 1 Juan 4:20.

El versículo, no se aplica solamente al hermano en la fe, sino que es un principio de amor para todo el mundo. ¡Es imposible decir que amas a Dios con todas tus fuerzas, si a su vez, aborreces a tu familia! Si no amas y respetas a quién ves, ¿cómo vas a amar y respetar a Dios a quién no ves? Dios dice en Su Palabra que el que tal piensa es mentiroso.

Por eso, el apóstol Juan escribe: «El que ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Juan 4:21). Este fue el ejemplo que Jesucristo mismo nos dio. Nos amó, aun cuando éramos pecadores (Romanos 5:8). De hecho, la Biblia enseña que Dios es amor (1 Juan 4:8), y por tanto, nunca nos pedirá algo que es contrario a su naturaleza. No tenemos excusa para dejar de amar a alguien. ¡No! ¡Dios nunca nos pedirá eso! Tanto es así que las Sagradas Escrituras aseveran:

«El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor» 1 Juan 4:12.

Pero, ¿por qué Jesús dijo que si alguno va a Él, y no aborrece a padre, madre, mujer e hijos, y aún su propia vida, no puede ser su discípulo? (Lucas 14:26) Pues bien, lo que Jesús quiso enseñar no es que debemos odiar o “aborrecer” a nuestra familia –lo cual es contrario a la voluntad de Dios, que incluso nos manda amar a nuestros enemigos (Mateo 5:44)–, sino que nuestro amor a Él (Dios) debe ser tan grande, tan alto y excelso, tan superior a todo, que comparado con el amor a los demás, estos parezcan “aborrecimiento”. Por esto, algunas versiones bíblicas traducen de la siguiente forma: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo» (Versión NVI). Nótese que si alguno utiliza este versículo para justificar su aborrecimiento hacia algún familiar, también debería “aborrecer” su propia vida –como el versículo enseña–. Sin embargo, cuando aborrecemos a alguien es porque estamos heridos con esa persona, y nos amamos demasiado a nosotros mismos como para amarla y perdonarla.

Incluso aun cuando Jesús dijo esto, sabemos que Él amaba grandemente a su familia. Pues incluso cuando estaba en la Cruz, siendo maltratado y blasfemado, Él pensaba en su madre y se preocupaba amorosamente por ella.

«Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» Juan 14:26-27.

Así que si alguien te dice que no está bien con su familia porque lo importante es Dios, no le creas. No te dejes engañar. ¡Dios nunca mandaría eso! Al menos, no el Dios Verdadero. Quizás un dios inventado por nuestra imaginación puede llevarnos a ello, pero no el Verdadero, el Revelado en la Biblia. Al contrario, el Dios Verdadero nos dio una ordenanza clara:

«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» Efesios 5:25.

«Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas» Colosenses 3:19.

Y de la misma forma, Dios nos exhorta a amar a los maridos, a los hijos y al prójimo (Efesios 5:21-30; Colosenses 3:18-25; Mateo 19:19). Tanto, que Jesús resumió toda la ley del Antiguo Testamento, en una sola Palabra: «AMOR» (Gálatas 5:14).

Si de verdad amas a Dios, pero tienes algo contra tu hermano o familia, ve a los pies de Cristo en arrepentimiento (Hebreos 4:16). Y pide que Él te de la fuerza para arreglar la situación. ¡Pero el amor debe triunfar! Si te cuesta, recuerda cuánto le costó a Cristo morir por ti (el maltrato, el dolor, las blasfemias, la ira del Padre, etc.), aun cuando eras pecador.

Dios les bendiga y guarde. Siéntase libre para compartir el artículo y que las personas conozcan que el cristianismo se basa en el amor.

José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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