Puntualidad, una asignatura pendiente en la Iglesia.

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La “puntualidad”. Palabra desconocida en los diccionarios españoles. Sí, al menos en la práctica esta es una asignatura pendiente, y lo triste, es que notemos esto en la Iglesia.

¡Qué triste! Las reuniones deben ponerse media hora antes de lo previsto para intentar conseguir que todos estén a la hora prevista. Lo irónico es que no pasa lo mismo cuando se trata de una tarea recreativa o de interés personal. Sí, he visto a personas madrugar, correr, salir de la Iglesia antes de tiempo, etc., por no perderse un partido de fútbol o la Formula 1. ¡Ojalá nos esforzáramos tanto o más para las cosas del Señor!

En 1938, el historiador, periodista y escritor alemán Sebastian Haffner escribió sobre la puntualidad: “En otras palabras es decisión personal “ser lo que queremos ser”.

Infelizmente, nuestra puntualidad habla mucho de nosotros, de nuestros intereses, nuestras prioridades, nuestra seriedad, nuestra disciplina, nuestro compromiso, nuestra educación, o peor aún, nuestra educación cristiana, nuestra cortesía, nuestro respeto, y nuestro amor a Dios y al prójimo.

Pero hay algo aún peor. Ya es lamentable la gente que llega tarde, pero es aún más lamentable la gente que recompensa a aquellos que llegan tarde. ¿Qué cómo es esto? Pues sí, vivimos en una sociedad que recompensa a los que lo hacen mal y castigan a los actúan bien. Sí, recompensamos a los que llegan tarde esperándolos, y castigamos a los que se esfuerzan por llegar puntuales haciéndoles esperar a los demás. Sin darnos cuenta, estamos mal educando aún más a las personas, pues los que llegan puntuales dirán: “¿para qué llegar puntual si luego tengo que esperar?” y los que llegan tarde dirán: “¿qué importa llegar tarde si a fin de cuentas siempre nos esperan?”. Lo que decía, recompensamos a los que actúan mal y castigamos a los justos, ¡qué barbaridad!

Por respeto a los que llegan puntuales, las reuniones deberían empezar a la hora justa y establecida. Y nadie que llega tarde debería quejarse.  Y si está molesto, que se enfade consigo mismo y con su impuntualidad.

El educador Horace Mann decía que llegar tarde a una cita no sólo es una informalidad sino también una deshonestidad, pues igual que puede robarse el dinero se estaría robando el tiempo. ¡Y que cierto es esto! El tiempo es algo que nunca más volveremos a recuperar, es un recurso no renovable. Como un refrán conocido dice: “El tiempo es oro”. O como el mismo Pablo nos exhorta: “aprovechemos bien el tiempo” (Efesios 5:16). Por favor, seamos obedientes a la lógica y a la Palabra de Dios.

Y lo importante no es llegar primero (como si se tratara de una competitividad), lo importante es llegar temprano. Recuerdo las palabras del francés Anthelme Brillat-Savarín cuando decía: “La cualidad indispensable para un buen cocinero es la puntualidad, pero es también la de los invitados”. La puntualidad es indispensable en todo momento, pero aún más en las cosas del Señor.

La puntualidad condiciona el fluido desenvolvimiento de las actividades eclesiásticas, la puntualidad es agradecida por todos, la puntualidad es una forma de mostrar respeto a los demás, nos hace merecedores de confianza, es una forma de mostrar el amor al prójimo y a Dios, la puntualidad es un requisito en la mayoría de trabajos seculares, y aún más en los espirituales. Por tanto, ¡esforcémonos en ser puntuales!

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerles a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas dignas de confianza.

Y la cuestión no se trata de decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, ahora, en este momento, y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas, adelantar unos minutos el reloj, voluntad, disciplina, esfuerzo, cambio de mentalidad…

 

Gracia y Paz.

José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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