La fe produce milagros, pero los milagros no producen fe.

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Supongo que no todos estarán de acuerdo con el enunciado de este artículo. Es probable, que a priori, este título pueda sernos violento, pero quizás te resulte interesante el contenido.

Es menester reconocer, que en la “sociedad cristiana”, muchos ansían ver los milagros que sucedían en los tiempos bíblicos. Algunos se preguntan, ¿si Dios es el mismo, por qué no vemos hoy día estos milagros? Otros, están cansados de leer los milagros bíblicos, y desesperan y exasperan por ver o vivir alguno de ellos. Pareciera que la fe de algunos se tambalea al no experimentar ningún suceso (o milagro) llamativo.

No niego la necesidad de milagros hoy día. Negarlos sería cometer una desfachatez contra la propia razón. La propia vida es un milagro. La conversión es uno de los mayores milagros. Tampoco pretendo negar la existencia de personas con don de sanidad, etc. Pero, me cuestiono, ¿no estará dando nuestra sociedad un valor demasiado alto a los milagros? Pensamos que “la Iglesia más ungida” es aquella con los milagros  más llamativos (Notemos que el hacer milagros también es cosa de los incrédulos, Mt. 7:22-23. Recordemos que Satanás se viste como ángel de luz, 2 Co. 11:4). Algunos, al no ver hechos llamativos y milagrosos, empiezan a poner en duda su fe. Ahora bien, ¿qué dice la Biblia?, ¿son los milagros tan fundamentales para nuestra fe?, ¿dudas de Jesús porque no has visto un milagro?, ¿esperas que Jesús te dé pruebas de su identidad para creer en Él?

Jesús dijo: “¡Bienaventurados los que no vieron, y creyeron!” Juan 20:29.

Es interesante notar que en la Biblia, muchos incrédulos demandaban milagros de Jesús (Mt. 12:38-39; 16:1-4; Mc. 8:11-12; Lc. 11:16, 29; 23:8; Jn. 6:30, etc.). Esto es algo común en los humanos. Todos tenemos una tendencia a lo morboso, espectacular y llamativo. Todo lo que cumpla estas características atrae a las mentes ociosas de los hombres.

Uno de los ejemplos dados anteriormente es el de Herodes, el gobernador (Lucas 23:8). Este pidió señales o milagros a Jesucristo (cuando iba a ser juzgado, antes de ser crucificado) más Jesús no hizo ninguna. ¿Por qué?

Si Jesucristo hubiera hecho alguna señal, ¿no habría Herodes creído que Jesucristo era Dios?, ¿si Cristo hubiera hecho descender una legión de ángeles en aquel momento, no habrían creído Herodes y los allí presentes? Pero Jesús no hizo nada. Permaneció impasible y en silencio, pero a su vez, de ese silencio se desprendía una gran enseñanza. El milagro por excelencia, la mayor señal que Herodes podría pedir,  estaba delante de sus ojos, era Jesucristo mismo. Cristo es mi señal, Cristo es mi milagro, Cristo es suficiente para mi fe, y si eso no produce fe en mi vida, ninguna otra cosa lo hará.

En el relato (no parábola) del rico y Lázaro, podemos ver que el rico, tras su muerte, ruega que Lázaro resucite y sea enviado a sus hermanos para que estos se arrepientan crean en Dios (Lucas 16:27-31). El rico, pensó que si Lázaro se levantaba de los muertos (resucitaba) y se aparecía a sus hermanos, esto sería una prueba indubitable, una oferta que ellos no podrían rechazar, ¡seguro así tendrán fe! (pensaba el rico). Pero las palabras de Jesús fueron claras: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” Lucas 16:3. Esto no quiere decir que Moisés o los profetas estuvieran vivos en aquella época, sino que hacía referencia a los escritos de Moisés y los profetas, lo que conocemos como el Antiguo Testamento, la única revelación que tenían en aquel tiempo. La Escritura (Antiguo Testamento) era el fundamento de aquella época (2 Ti. 3:16; Efesios 2:20). Esta es la Palabra de Dios. En otras palabras, la respuesta fue: “Si no creen en los escritos divinos tampoco creerán aunque se produzca el milagro tan llamativo de una resurrección”.

Esto demuestra que los milagros no producen fe. Solo la Palabra de Dios produce fe. “La fe viene por el oír la Palabra de Dios” Ro. 10:17.

La Palabra de Dios es el Logos, el Verbo, Jesucristo, Dios hecho carne. Él es la fuente de tú fe, y Él y su obra está revelada en la Biblia. El milagro está escrito y puede ser vivido dentro de cada uno de nosotros (Gá. 2:20).

¡NO BUSQUES MILAGROS, ESTOS NO PRODUCEN FE!

¡VIVE A CRISTO, TE CONVERTIRÁS EN UN MILAGRO!

Por José Daniel Espinosa Contreras.

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Acerca de José Daniel Espinosa Contreras

Graduado en Teología en la Facultad de Teología AD de Córdoba (España). Tesis de grado: «Dimensión Trinitaria del Culto Cristiano: Legitimidad de la formulación trinitaria como objeto de culto», calificada con: Matrícula de Honor. Masterando en Teología Dogmática en el CEIBI (Santa Cruz de Tenerife, España). Docente de la asignatura: «Fenomenología e Historia de las Religiones» en el Centro de Investigaciones Bíblicas de Santa Cruz de Tenerife. Sirve al Señor en España.
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